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Papa, mama: tengo miedo!

13/05/2016 | Georgina Barceló

¿Por qué aparecen los miedos? ¿Por qué mi hijo tiene miedo a cosas que antes no tenía? Hay que entender, que sufrir y experimentar miedos en la infancia, es parte del desarrollo propio de un niño o niña. La mayoría de estos miedos son pasajeros, ya que están asociadas a diferentes estadios evolutivos y van variando a medida que evolucionan tanto a nivel cognitivo, social y emocional. Un ejemplo de ello son los miedos a los ruidos fuertes que experimentan los recién nacidos durante los primeros seis meses de vida.

¿Qué miedos van apareciendo? Pues a partir de los 7-12 meses surge el miedo por separación pero es de los 12 a los 24 meses que este miedo se intensifica y aparece también el miedo a los extraños. Ya a los 2 años tienen miedo a los animales, a la oscuridad, a los disfraces o máscaras, a lo desconocido y, por tanto, continúa el miedo a separarse de sus padres. A partir de los 3 años aparece, también, el miedo a hacerse daño y que pasen catástrofes naturales. Es común que a partir de esta edad, hasta más o menos los 6 años, que los miedos se intensifiquen y sean más complejas (es los 5 y 6 años cuando aparece miedo a los seres malvados, a personajes imaginarios y la preocupación por las enfermedades y la muerte). El niño no es capaz de entender el mundo que le rodea y no diferencia lo que es real de lo que es ficción.

A veces los miedos de nuestros hijos nos hacen sufrir o nos preocupan. Debemos tener claro que, al igual que cuando estás enfadado, triste o contento, experimentas emociones, y es importante que lo hagan tanto los niños como en los adultos, sentir miedo también lo es. No sólo es normal, sino que es positivo que los niños estén alerta para poder protegerse de algunos peligros.

Pero, cuando hay que preocuparse? Pues tenemos que hacer este paso cuando los miedos no se resuelven, cuando afectan a su desarrollo, interfieren en su vida y la de su familia, o cuando provocan que nuestro hijo esté en un estado de alerta constante y desproporcionado. Es en estos casos cuando es importante consultar a un profesional.

Sin embargo, también podemos aportar nuestro grano de arena manteniendo una actitud respecto los miedos de nuestros hijos, lo que, incluso, puede ayudar a superarlas y no mantenerlas en el tiempo. Algunas de estas aportaciones son:

  1. No negar nunca los miedos: hay reconocerlas e identificarlas hablando de ella, y hacer que el niño se sienta escuchado.
  2. No reñirle ni humillarlo por tener miedo: no debemos hacer comentarios despectivos sobre este hecho, ni compararlo con un niño más pequeño que él. Al contrario, hay que transmitirle seguridad y confianza. Castigándolo no conseguiremos que los miedos desaparezcan, sino que haremos que el niño las oculte.
  3. Evitar estilos educativos sobre – protectores porque fomentan la dependencia, las inseguridades y los miedos. Hay que fomentar la autonomía y la autoestima.
  4. Realizar cambios graduales en nuestro entorno para que tenga tiempo de acostumbrarse y entender el cambio.
  5. Seleccionar y evitar contenidos no apropiados en la televisión, libros , películas, etc. Hay que escoger según la edad y las características del niño o niña.
  6. No transmitir miedos y preocupaciones a nuestros hijos. Los niños notan nuestros miedos.

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